• © Pere Vivas / Triangle Postals
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  • © Ramon Manent
El proyecto arquitectónico

Antoni Gaudí mantuvo una estrecha relación personal y profesional en sus años de juventud con el reusense Salvador Pagès, uno de los líderes más destacados del movimiento cooperativo de finales del siglo XIX a Catalunya. Este industrial textil fue el fundador de la cooperativa La Obrera Mataronense, sociedad fundada en 1864 e instalada en la antigua villa de Gracia (actualmente Barcelona), que en el año se trasladó a la ciudad de Mataró.

La aproximación de Pagès hacia las ideas del socialismo utópico le llevó a encargar al joven arquitecto el diseño de un complejo industrial que siguiera el modelo de las colonias obreras, incorporando equipamientos sociales y viviendas para los cooperativistas.

Gaudí empezó a trabajar en el proyecto en el año 1878, justo después de finalizar sus estudios en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, colaborando intensamente en la planificación de las distintas instalaciones con el arquitecto mataronés Emili Cabanyes. El proyecto integraba las construcciones preexistentes e ideaba un conjunto que contaba con nuevos edificios fabriles, treinta casas unifamiliares y un sector de servicios donde se ubicaba la escuela, la biblioteca, el casino y la sede social de la cooperativa. Del conjunto ideado por el arquitecto tan sólo se materializó una pequeña parte: dos viviendas, correspondientes a la del director y a la del portero, unos sanitarios y una nave destinada al blanqueo de algodón. De estos edificios, construidos en 1883, únicamente se ha conservado los dos últimos.


La nave de blanqueo

El edificio proyectado por Gaudí es de una gran simplicidad y sencillez. En esta primera aproximación hacia la arquitectura industrial, el arquitecto diseña una nave construida con trece arcos parabólicos esbeltos y resistentes, creados por pequeños tramos de madera montados con pernos, siguiendo el modelo del arquitecto renacentista francés Philibert de l’Orme. El uso de estos arcos permite a Gaudí crear un espacio amplio y diáfano de casi 600 metros cuadrados sin tener que recurrir a divisiones internas o a sistemas estructurales con columnas o pilares. Se trata de una solución muy innovadora en aquella época, que rehúye los modelos constructivos establecidos y muestra la gran capacidad creativa y el ingenio técnico del joven arquitecto.

Nau de blanqueig © Miquel Tres

La nave de blanqueo destaca por su austeridad y funcionalidad, muy alejada de la profusión ornamental, de la experimentación espacial y del juego con los elementos historicistas y naturalistas que caracterizarían posteriormente su obra. En este edificio los arcos se convierten en los únicos protagonistas y desarrollan un papel no sólo estructural, sino también decorativo. En su obra inicial, Gaudí crea un espacio de una gran originalidad y modernidad, que potencia la belleza de la desnudez constructiva, tanto de los materiales utilizados −como la madera, el ladrillo y el hierro− como de los propios elementos sustentadores.


Los servicios sanitarios

A pocos metros de la nave se conserva el pabellón de las letrinas, una construcción cilíndrica de reducidas dimensiones que es considerada la más antigua de todo el conjunto de la cooperativa. El interior del edículo está dividido en dos mitades para separar los servicios de hombres y de mujeres, a los cuales se puede acceder por puertas de acceso independientes. Esta modesta construcción destaca por el diseño de la forma de su cubierta, una vuelta elevada que permite la renovación del aire por un sistema de sifón. Gaudí posteriormente utilizaría esta solución en las torres de ventilación de la Casa Vicens o en las caballerizas de la Finca Güell.

Letrines © Pere Vivas / Triangle Postals

La importancia del edificio recae en los materiales y los motivos ornamentales utilizados. El edículo está decorado con aplicaciones de azulejos de cerámica vidriada y testeras escalonadas en las puertas y ventanas, elementos genuinamente gaudinianos que se irán repitiendo y transformando en muchos de sus proyectos.


La abeja de Gaudí

En el año 1884 Gaudí diseñó el estandarte de la sociedad, un elemento muy habitual en la época que se utilizaba para presidir las fiestas y los actos solemnes. Del original, que no ha llegado a nuestros días, se conserva la abeja de bronce que lo coronaba, alegoría de la industria, la laboriosidad, la tenacidad y el ahorro. Actualmente esta pieza forma parte de la colección del Museo de Mataró.

Letrines © Ramon Manent